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María Laura Marranzini

Para familias

Sospechas algo, no estás segura, y no quieres empeorarlo preguntando mal.

Esta página es para el momento anterior a tener un diagnóstico. Qué se puede observar sin vigilar, qué distingue una etapa de un problema, y cómo abrir una conversación que no se cierre en el primer intento.

Observar

Lo que se puede ver sin vigilar.

Observar y vigilar no son lo mismo. Vigilar es seguir a alguien hasta el baño. Observar es notar lo que ya está pasando delante de ti, y sostenerlo unos días antes de sacar conclusiones.

Alrededor de la mesa

  • Come sola, o espera a que todos hayan terminado.
  • Dejó de comer delante de otros, aunque en casa diga que ya comió.
  • Corta la comida en trozos muy pequeños, la reparte por el plato, come muy despacio.
  • Va al baño enseguida al levantarse de la mesa, de forma repetida.

Alrededor de la comida

  • Eliminó grupos completos de alimentos, con razones que suenan saludables.
  • Conoce el valor calórico de casi todo lo que hay en la casa.
  • Cocina para los demás y no come lo que cocinó.
  • Aparecen envoltorios o cantidades que no cuadran con lo que ves comer.

Alrededor del cuerpo

  • Se cambia de ropa varias veces y termina escogiendo lo más ancho.
  • Se pesa a diario, o dejó de dejarse ver pesándose.
  • Habla de su cuerpo con un detalle que antes no tenía.
  • Entrena aunque esté enferma, cansada o lesionada.

Ocurre también con hijos varones. Se detecta más tarde, porque casi nadie lo está buscando ahí.

Falsos positivos

Lo que no es una señal.

Esta parte importa tanto como la anterior. Una lista de señales sin esta sección asusta a familias cuyos hijos están bien.

  • Contar calorías porque entrena, sin angustia cuando se sale de la cuenta.
  • Ropa ancha porque está de moda, no para tapar.
  • Volverse vegetariana por convicción, y comer con normalidad dentro de esa decisión.
  • Comer menos unos días y más otros. El apetito no es estable y no tiene por qué serlo.
  • Cerrar la puerta del cuarto, contestar de mala manera, querer privacidad. Eso es la edad.

Lo que cambia el cuadro no es la conducta suelta, es el patrón. Cuenta la rigidez, o sea que la regla no se puede romper. Cuenta el secreto, la escalada, el aislamiento, y que se sostenga en el tiempo. Si reconociste una sola conducta y por lo demás come, sale y se molesta con normalidad cuando le cambian los planes, es más probable que estés viendo una etapa.

Hablar

Cómo abrir la conversación.

El principio es corto. Habla de lo que ves, no de lo que crees que significa. Sin diagnosticar, sin hablar de peso y sin hablar de comida.

Nombrar una conducta invita a explicarla. Nombrar un diagnóstico invita a defenderse. Y elige un momento que no sea la mesa, porque en la mesa cualquier tema se vuelve el mismo tema.

Cierra

“Tienes que comer, me estás preocupando.”

Abre

“Te noto más callada estos días. ¿Cómo has estado?”

Hay un artículo entero sobre esto, con más frases y con lo que conviene evitar. Qué decir y qué no decir.

Evitar

Cuatro cosas que se hacen con buena intención y salen mal.

Vigilar el plato

Convierte cada comida en un examen y a ti en la persona que lo aplica. La conducta se esconde mejor, no desaparece.

Comentar cuerpos, el suyo o el tuyo

Incluye los elogios. "Te ves muy bien" dicho a alguien que está restringiendo confirma que la restricción funciona.

Negociar con la comida

Los premios, los castigos y los tratos ponen el conflicto donde no está. El conflicto no es la comida.

Pedir una promesa

Prometer comer no produce comer. Produce una promesa rota y una conversación menos disponible la próxima vez.

Si dice que no

Cuando se niega a consultar.

Es lo más frecuente, y no significa que el proceso se detuvo. La negativa suele ser a la etiqueta, no a la ayuda.

Puedes venir tú sin ella. Una consulta con la familia sirve para ordenar qué se está viendo, decidir si amerita insistir, y sobre todo para que dejes de improvisar cada conversación. Trabajar con la familia mientras la persona todavía no quiere entrar es parte del tratamiento, no una segunda opción.

Si es menor de edad y hay riesgo físico, la decisión de consultar no es suya. Ahí la vía es médica primero.

Urgencia

Cuándo esto deja de ser una consulta psicológica.

Desmayos, mareos al ponerse de pie, vómitos repetidos, palpitaciones o dolor en el pecho, deshidratación, confusión, o una pérdida de peso rápida y sostenida. Nada de eso se resuelve en consulta psicológica y no conviene esperar a una cita conmigo. Es evaluación médica, y es ahora.

El acompañamiento psicológico viene después, y sigue disponible.

Tú también

La familia se desgasta, y eso no es egoísmo.

La pregunta que casi siempre está debajo de todas las demás es si esto lo causaste tú. No es la pregunta que ayuda, y tampoco tiene una respuesta limpia. Los trastornos de la conducta alimentaria son multicausales, y ninguna familia los produce por sí sola.

La familia sí tiene un papel, y ese papel es el que se puede trabajar. Es distinto de la culpa y es mucho más útil.

La recuperación se sostiene o se cae según si la familia y el entorno se involucran junto al paciente.

La primera cita

Qué pasa cuando agendas.

  1. Escribes por WhatsApp al número de citas para coordinar el horario. No hace falta que cuentes nada de tu hija ahí.
  2. En la primera consulta me cuentas qué notaste y desde cuándo. No hace falta que sepas el nombre de nada. Hago preguntas concretas y te digo si amerita atención clínica.
  3. Si no la amerita, te lo digo, y te queda claro qué mirar y cuándo volver a preocuparte.
  4. Si la amerita, definimos si entra ella, entras tú, o entran las dos, y en qué orden.

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